Santo Domingo

Jueves 14 de diciembre del 2006

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RELIGIÓN / Dos minutos
Los tocones del dolor
LUIS GARCÍA DUBUS

“Los dolores que usted siente”, me dijo el doctor con la radiografía en las manos, “son producidos por este saliente que usted ve aquí en la séptima vértebra cervical”. “Ajá...” dije yo sin ver nada. “Voy a tratar de explicarle para que usted entienda”, prosiguió el doctor dándose cuenta de mi perplejidad. “Es como una espuela que usted tiene en esa vértebra. Eso le presiona nervios y le produce dolor”.

Esto sucedió hace más de 20 años. Desde entonces, esa pequeña “espuela” o saliente me ha producido dolores permanentes en la espalda y en los brazos, a veces leves, y otras veces muy molestos, casi insoportables.

Es como un tocón en el medio del camino. De un camino que hay que transitar. Y cada vez que mis nervios chocan con ese tocón, se producen destrozos, se produce dolor. Hay otro tipo de tocones, sin embargo, que producen dolores aún peores.

Y ese otro tipo de tocones también los tiene usted, y yo, y todo el mundo. Pero estos otros tocones pueden rebajarse. Conozco a un señor cuyo principal “tocón” era la ira. El hombre explotaba con facilidad y con frecuencia, hiriendo profundamente a sus seres más queridos.

Y esto le producía a él mismo falta de paz, de amistad, de amor. Le producía dolor. Vio ese tocón. Lo vio y reconoció. Y desde que puso humildemente “su tocón” en manos de Dios, reconociéndose incapaz de curarse él mismo. Dios empezó a curarlo. Hoy es un hombre con mucho más dominio de sí, y, naturalmente, mucho más feliz.

Conozco otro cuyo “tocón principal” era su vicio por la bebida. Esto le producía todo tipo de sufrimientos en el área familiar, social y de trabajo, además de estar minando su salud física.

El hombre eliminó el tocón y hoy es un hombre de éxito. Un hombre feliz. Parece otro. Una señora tenía como principal tocón la vanidad. Lo rebajó creciendo en autenticidad y humildad. Hoy, hay muchos más que la quieren, y ella es, naturalmente, más feliz. Otros muchos tocones, tales como la soberbia, la lujuria, y la pereza, hacen desgraciadas a personas que lo único que desean es ser felices.

Y otra vez en el evangelio (buena noticia) de hoy, (Lucas 3, 1-6) aparece el Señor interesado en nuestra felicidad. Por boca de Juan Bautista nos anuncia su próxima llegada, y nos anima a rebajar tocones que nos estén produciendo dolor. “Prepárenle el camino al Señor, APLANEN sus senderos; que los valles se LEVANTEN, que los montes y colinas se ABAJEN, que lo torcido se ENDERECE, lo disparejo se IGUALE.

Y todos verán la salvación de Dios.” (Lucas 3, 4-6) Estas no tienen que ser simplemente unas navidades más. Podemos prepararnos para aprovecharlas rebajando algún tocón. Estas navidades pueden traernos un aumento en felicidad. ¿Por qué no...?

LA PREGUNTA DE HOY ¿Cuál es la forma de corregir un defecto? Lo fundamental es verlo, y reconocerlo. Esto es la base puesto que se requiere de verdadera humildad, sin la cual jamás podremos realmente rectificarlo. Esa es nuestra parte. Lo otro es orar, conocedores del amor personal, incondicional y gratis que el Señor nos tiene y por tanto convencidos de que su deseo mayor es que vivamos cada día más plenamente.

Lleve su “tocón principal” a Dios, querido amigo o amiga. Dígale la verdad: que usted no puede con eso que usted es incapaz de eliminarlo por más esfuerzo que haga. No se lo diga a más nadie. Dígaselo sólo a Dios en secreto. “Ora a tu Padre, que está allá, en lo secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensara” (Mateo 6, 6) ¿Cómo lo recompensara…? Poniendo su mirada amorosa y sanadora sobre su problema, y haciendo que éstas, quizás sean las Navidades más felices de su vida.

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