Santo Domingo

Jueves 14 de diciembre del 2006

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LA VIDA

Un Santa Claus de carne y hueso

JACLIN CAMPOS
 
Ser Santa Claus es llenar de magia y alegría a niños y adultos cada fin de año.

SANTO DOMINGO.- En 1999, tras diez años de laborar en la producción de televisión e interpretar personajes infantiles, Víctor Ciprián encontró el personaje con el que más se identificaría. Esperando por la oportunidad para integrarse a un nuevo programa de TV que al final no vio la luz, su amigo Cristian Hart, quien acostumbraba vestirse de Santa Claus, le pidió que se disfrazara como el Viejo Pascuero a fin de sustituirlo cuando no pudiera asistir a alguna actividad.

Ciprián dudó en aceptar. Sus 125 libras de peso le parecían un impedimento para interpretar al famoso gordito, pero pronto su amigo lo convenció de que algo de relleno debajo del traje rojo bastaba para solucionar el problema. Y así fue como, tras recibir el entrenamiento, Ciprián, nativo de San José de Ocoa, se convirtió en Santa Claus, un personaje que considera “mágico”.

Su nueva ocupación, que estrenó en Plaza Central, le pareció bastante rentable. No sólo porque ganaba 150 pesos por hora, sino porque era remunerado al hacer algo que le gustaba: alegrar a los niños.

Su relación con el mundo del entretenimiento infantil se remonta a 1990 cuando, siendo estudiante de Comunicación Social, carrera que no completó, comenzó a laborar en Sábado de Corporán y en Sábado Chiquito de Corporán. Un día, precisado a escoger entre los dos espacios, se decidió por el último, donde se dio a conocer con un personaje de su creación llamado “El científico loco”.

“El mundo infantil es mejor, es más sano -comenta- por mi formación en el hogar, entiendo que aporto más y puedo crecer más, puedo llegar a la estatura de los niños”.

En su paso por Sábado Chiquito tuvo su primer “contacto” con Santa. Era 1991 y uno de sus compañeros de labores, Richard Espinal, mejor conocido como el payaso Saltarín, se vistió de Papá Noel. Consciente de que se trataba de su amigo y habiendo crecido con la tradición de los Reyes Magos, Ciprián abrazó a aquel Santa Claus y asegura: “Sentí la magia de la Navidad”.

Un buen Papá Noel
Un traje en óptimas condiciones, una barba suave y abundante y un buen maquillaje resultan importantes para la caracterización. Y, por supuesto, también cuenta engolar la voz para soltar muchos “jo, jo, jo” o desarrollar un paso acompasado para equilibrar la regordeta figura al caminar. A todo eso Ciprián le dedica tiempo y experimentación. Poco después de comenzar su nuevo oficio empezó a probar cambios en el maquillaje y notó que si dejaba su piel más natural su San Nicolás resultaba más creíble.

Transformarse con la ayuda de Maritza González, quien trabaja en su casa y le asiste en el proceso, le toma cerca de una hora y media. De invertir menos tiempo estaría “irrespetando al público”.

Pero nada de eso sustituye lo más importante de todo, que él resume en estas palabras: “El personaje de Santa, para interpretarloÖ, hay que sentirse buena persona y saber que su compromiso es llevar alegría, un mensaje de paz, un mensaje de amor”.

Y es que reír a carcajadas, cantar con entusiasmo y jugar divertido, implica más que fuerza de voluntad; demanda compromiso con los niños y mucha habilidad. Por suerte, también tiene sus recompensas. Ciprián recuerda cómo durante una edición de la feria Expo Kids, en la cual inicia cada año sus compromisos navideños, un chiquillo se le acercó y le preguntó: “¿Tú eres de verdad?”, a lo que Santa respondió con otra pregunta: “¿Qué tú crees?”. La respuesta del niño fue afirmativa y, más tarde, al marcharse, el personaje alcanzó a escuchar cuando el pequeño le comentaba a su madre: “Ese es el Santa de verdad”.

Pero no todas las experiencias son iguales. Para este Santa caribeño uno de los momentos más difíciles tuvo lugar el año pasado en el Instituto Oncológico durante una fiesta para los niños y niñas enfermos. En medio de la celebración, la directora del centro de salud le pidió que fuera a entregar regalos a algunos menores que, por su gravedad, no habían podido participar en la actividad. El recuerdo de ese día cuando entró riendo y proclamando “¡Feliz Navidad!” en las habitaciones de aquellos enfermos en fase terminal, carentes de fuerza incluso para sonreír, nubla los ojos de Ciprián.

Niñez y fantasía
Víctor Ciprián, actual coproductor del programa Parque Intrépido, de Alan Brito, se toma muy en serio su labor como Papá Noel, no importa que, tras pasar horas y horas envuelto en el atuendo rojo, termine empapado en sudor. Tiene planes de viajar a Dinamarca, donde cada año se realiza una reunión de Santas de diferentes partes del mundo, y aunque admira y respeta el trabajo de sus compañeros, aspira a convertirse en el “Santa dominicano”. “

Este proyecto yo lo veo a 40 años, me visualizo viejito haciendo Santa”, expresa este hombre de 39 años entre cuyos sueños se encuentra la creación de un parque temático donde sea Navidad todo el año y que, además, se ha convertido en un cazador del talento otros hombres para interpretar al personaje del Polo Norte.

No importa que algunos critiquen la costumbre de enseñar fantasías a los niños, para él los chicuelos necesitan sueños e ilusiones y su Santa Claus, más que el protagonista de las fiestas de fin de año, es un mensajero de Jesús, el centro de la celebración. “Yo defiendo que el niño viva su fantasía”, dice. “El niño y la niña debe ser niño y niña, no puede ser un adulto chiquito”.

 
 
 
 
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