Santo Domingo

Jueves 14 de diciembre del 2006

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LA VIDA
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Y si te atreves...
Patricia Landolfi

Y si las cosas no salen como pensabas, te queda la satisfacción de haber hecho lo que estaba a tu alcance para ser feliz. No debemos reprimir nuestros deseos por miedo al fracaso. Debemos escuchar la voz de nuestro corazón. El amor en definitiva es la culminación de la felicidad. Cuando tengamos amor en nuestras vidas, y estemos con las personas que han calado en nuestro corazón, nuestro espíritu se verá henchido de felicidad. Y si atreverse, en definitiva, da miedo, más miedo da no lograr sentir la persona amada a nuestro lado. Tenemos situaciones que nos hacen cometer errores, momentos que decimos cosas que de veras no sentimos, actuaciones que no están ni remotamente cerca de nuestros sentimientos pero podemos cambiarlas con simplemente atrevernos a recapacitar. Las reacciones de los demás son impredecibles, pues no somos adivinos, pero si podemos sentir en nuestro corazón el alivio de no haber traicionado nuestros verdaderos sentimientos.

También debemos tener en cuenta las situaciones que rodean nuestros sentimientos. Las cuales, en definitiva, pueden tomar rumbos contrarios a lo que verdaderamente deseamos.

En definitiva, debemos ser fieles a nuestros sentimientos y siempre ser sinceros con los seres que amamos.

Si amamos, ¡digámoslo! Si nos equivocamos, ¡expresémoslo! Si ofendimos, ¡pidamos perdón! Si nos caímos, ¡levantémonos!, Si perdonamos, ¡olvidemos el pasado! Si nos ofendieron, ¡perdonemos! Y siempre, sobre todas las cosas pensemos que Jesús, amó, perdonó, y sanó nuestras heridas, y esta ahí, esperando por nosotros, sin rencores, solo con un inmenso corazón para abrirnos sus brazos y descansemos en el. El verdadero amor se asemeja al amor de Jesús. No piensa en si perderá, o si lo engañaran, o si lo traicionaran, o si no será correspondido.

El verdadero amor no juzga, ni tiene envidia, ni es jactancioso, ni guarda lo suyo, ni es egoísta, ni rencoroso, como dicen las escrituras en Corintios, 13-4. Solo espera, confía, y sobre todo da sin esperar nada a cambio. Busquemos sin cesar ese amor puro, noble, inmenso, intenso y apasionado. Ese es el verdadero amor. Tratemos de encontrar ese amor, aunque eso conlleve atrevernos a desafiar nuestros miedos, porque cuando lo encontremos todo el esfuerzo hecho, todo el temor que sufrimos al vencer las barreras logrando coraje para decir nuestros sentimientos no se asemejara al éxtasis de sentir ese amor correspondido.

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