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Martes 01 de agosto del 2006
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VENTANA
La posmodernidad y la banalización
Luis Beiro
 
La editora de la UASD publicó este libro de ensayos de Fernando Valerio.

SANTO DOMINGO.- Fernando Valerio Holguín acaba de publicar un importante libro de ensayos de cultura caribeña y latinoamericana. “Banalidad posmoderna” es un texto que recomiendo especialmente a los lectores de Ventana como un instrumento para hacernos pensar en los fenómenos culturales del mundo de hoy. Es de esos tomos que definen un contexto y viajan a contracorriente, en favor de la defensa del espíritu humano. Su contenido abarca ensayos sobre cine, literatura, arte, sociedad, música, migración y cultura.

Son estudios que, sin perder su rigor teórico, permiten la lectura reflexiva; invitan al diálogo e incentivan la polémica con altura. Antes de conversar con Fernando, debo advertir que la banalidad ha existido siempre, porque es una categoría intrínseca a la mediocridad y a la falta de clase para debatir cuestiones de fondo. Pero nunca como ahora.

LB: ¿Qué otras sorpresas podemos esperar de la posmodernidad?...
FVH: La posmodernidad como estilo se manifiesta a través de una fragmentación. El sujeto del nuevo milenio está fragmentado, y tanto en la literatura como en el cine se puede ver esta fragmentación. Dentro de esta fragmentación podemos ubicar una especie de pérdida del sentido de la historia, del sentido de una continuidad que se tenía en la modernidad, el sujeto posmoderno pierde ese sentido de la importancia de la historia, y no concibe el mundo sino a través de fragmentos, y eso lo podemos ver en varias obras literarias y en varias películas. Otra cosa que me preocupa es el peso de la industria cultural (cultura de masas) en lo que he llamado “La banalización de la historia”. Por ejemplo, el bolero que es un género popular por excelencia puede ser un motor intelectual que ayuda a complejizar el género de la novela. Es por eso que surge la llamada “novela bolero” latinoamericana. Aquí en República Dominicana tenemos los casos de “Ritos de Cabaret”, donde Marcio Veloz Maggiolo trata de explorar las complejidades sexuales y políticas de la historia dominicana reciente. También tenemos lo contrario en la novela “Musiquito”, de Enriquillo Sánchez, donde el bolero opera como una banalización de la historia, una devaluación, con un sentido intrascendente. Hablando de postmodernidad, otro fenómeno que vemos, aparte de la fragmentación y de la pérdida del sentido de la historia, es la hibridación. Néstor García es un autor que nos habla, en ese sentido, de la tendencia musical. Vemos frecuentemente en la música, pero también en la hibridación entre medios artísticos, literatura y música, literatura y cine, entre el mismo medio artístico, una ruptura de la frontera entre medios literarios, fusión musical y varios otros aspectos de esta hibridación.

LB. Por tanto, la modernidad, junto a una mayor democratización de las artes implica también cierto culto a la mediocridad...
FVH: Yo creo que se dan las dos tendencias en la posmodernidad; por un lado hay una democratización de las artes y la literatura, ya esto lo había expresado Walter Benjamín en su famoso ensayo del arte en la reproducción mecánica, y eso ha dividido la opinión entre los que consideran que ha habido una democratización banalización o trivialización. Yo creo que estas tendencias concurren, si bien es cierto que en algunos casos el bolero ha democratizado la literatura o la guaracha, los géneros populares (no de masas) han abierto una zona de la creatividad a una trivialización de la la propia literatura y a un surgimiento de una literatura light, destinada a un consumo masivo. Yo creo que se dan las dos tendencias.

LB: Nunca como ahora, los escritores pueden vivir dignamente del producto de su obra. Pero las reglas de “calidad” las imponen las grandes casas editoras, es decir, el comercio. Un autor como Italo Calvino, se moriría de hambre en la posmodernidad. Otro, de la talla de Mario Vargas Llosa se ha “adaptado” a“ la oferta y la demanda” ...
FVH: Tanto en este libro “Banalidad postmoderna” como en el titulado “Presencia de Trujillo en la narrativa contemporánea”, yo dedico algunos ensayos a Vargas Llosa a propósito de la Fiesta del Chivo, que es una de las novelas que más debates ha causado en Santo Domingo; Vargas Llosa se ha convertido en un escritor comercial “profesional” en el sentido de ser un escritor que tiene dominio de la escritura y que es un escritor pago; se le paga para escribir, se le da un dinero, se le sugiere un tema y él produce un texto bueno a partir de ese pago, a diferencia del escritor “amateur”, (y aquí uso la palabra amateur en el sentido positivo, no negativo) en el sentido de Luciano, es decir aquel escritor que muere un poco en su obra, que deja jirones en su obra y es un escritor que se transforma con su obra que transforma al lector con su obra, estamos hablando de un Virgilio Piñera, de un Augusto Monterroso, de un Julio Cortázar. Entonces, esos escritores que no cayeron en lo comercial, que no banalizaron su obra por la “venta para vender”, son escritores no muy considerados en la posmodernidad.

LB: ¿Cómo te desenvuelves entre la ficción, la crítica y el ensayo?
FV: Yo comencé como escritor de ficción, con “Viajantes insomnes” (1982), y mientras, trabajé aquí en las universidades dominicanas como no había una exigencia de la crítica literaria, siempre me mantuve publicando cuentos; cuando me voy a los EEUU, me gradúo allá de letras en la universidad de Turín, y consigo trabajo en Pensilvania, donde comienzo a aprender crítica literaria, ensayos literarios, porque en EEUU la crítica es obligatoria, hay una exigencia de cuantos ensayos artículos debes publicar al año para luego obtener el estatus de profesor; para mi fue un aprendizaje totalmente nuevo, tuve que leer ensayos críticos, aprendí los discursos que se usaban, la terminología científica y comencé a escribir sobre bolero y literatura, a partir del 94, allí noté la presencia de Trujillo en la novela dominicana, y ya te mencioné a Virgilio Piñera, sobre quien escribí mi tesis de doctorado; durante esta época tuve que comenzar a distinguir estos dos discursos por un lado el discurso académico, un poco frío tratando de lograr una objetividad en cuanto a los análisis y por otro el discurso de la ficción como una libertad a partir del encorsetamiento del discurso crítico. Me produce incomodidad trabajar estos diferentes géneros literarios, pero logro, una vez termino mis compromisos con la crítica, sacar tiempo para dedicarme a la poesía y al cuento. Ahora tengo una novela inédita, “Los huéspedes del paraíso”, y un poemario. En fin, sigo trabajando mucho, tanto en la ficción como en la crítica.

 

 

 

 
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