Santo Domingo
Martes 01 de agosto del 2006
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LA GENERACIÓN
Lluvia de quejas
LA COMUNIDAD UNIVERSITARIA DOMINICANA EXPRESA SU INCONFORMIDAD
GRISBEL MEDINA R.
 
 


SANTIAGO.- Por más solemne y suntuosa que sea un aula magna, sin el murmullo vivificante del estudiantado, sería tan desolada y triste como un banquete sin familia en Navidad. Por más espaciosa y confortable que sea una biblioteca, está condenada al abrazo lloroso de la soledad, si no la calienta la curiosidad de estudiantes.

La razón de ser de las universidades son el recurso humano que forman o retardan, según la calidad y el empeño supremo de docentes, lideresas y dirigentes. Pero ¿qué sucede cuando los procesos y sistemas universitarios, maltratan la comunidad que les enriquece?

LA GENERACIÓN permite que universitarios y universitarias se expresen sobre algunas de las 49 universidades asentadas en esta República.
Galendy Collado, de 22 años, habla por el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec), donde hace poco los estudiantes abandonaron las aulas en protesta por el aumento de un 100 por ciento al costo del crédito académico.

La medida, defendida por el rector Miguel Escala, es, a juicio de Galendy, una burla para la clase estudiantil que paga 450 pesos el crédito y ahora deberá cantearse con 850. El inesperado “subión” fomentó una organización donde se agruparon representantes de las carreras y hasta el momento, de las conversas con la dirección, sólo lograron pagar 750 por crédito hasta octubre, cuando se cobrará el total del incremento.

Galendy seguirá inscrita en el Intec, pero aspira a que mejoren los servicios generales y las aulas cuenten con el instrumental que el instituto alardea desde su bautizo.

Insufrible
Cecilia prefiere ocultar su apellido en la presente confesión. Estudia Derecho en la sede central de la UASD. Opina que la condición del 85 por ciento de las aulas uasdianas es pésima, exceptuando las de la Facultad de Humanidades, “donde todavía es posible recibir clases con un mínimo de comodidad”.

Aparte de dolerle que la higiene en los baños es totalmente nula, a Cecilia le martilla la cabeza mirar “la negligencia y hostilidad de algunos servidores, cuando se solicita un documento y la demora para entregarlos”. Su inconformidad también alcanza los sueldos descomunales que cada mes se traga buena partida del presupuesto de la UASD.

Daniela Cruz, estudiante de Comunicación Social del Centro Universitario Regional de Santiago, pronto iniciará su tesis para colgar el título que le ha costado años de esfuerzo. Desde el espacioso campus inaugurado hace menos de 2 años en La Barranquita, Daniela suelta su lamento y sugiere de un tallazo: “Debieran reformar el sistema de registro (incluyendo al incumbente en la ciudad), realizar un verdadero proceso de preselección de materias que sí se tome en cuenta, además gestionar un personal docente residente en la ciudad que no tenga choques de horario para impartir clases y actuar en consecuencia con los exámenes de admisión... y prohibir por resolución a los destacados grupos estudiantiles que ya son parte de la demagogia política que tiene ‘jarta’ a la mayoría de estudiantes que como yo sólo quiere estudiar y ser mejor”.

De Utesa
María, madre y sustento de 3 hijos, estudia administración de empresas. Se pronuncia desde Utesa-Santiago, universidad donde el cobro de un 20 por ciento de recargo a la cuenta del ciclo, considera antojadizo. Su mortificación crece al tener que desembolsillar 300 pesos en cada temporada de clases, por concepto de un carné que nunca cambian. También la agobia el constante aumento en los montos por crédito sin que eso se refleje en (al menos) rollos de papel higiénico en los baños. “Para todo hay cargos extras y la eficiencia no existe”.

Por la Universidad Abierta para Adultos levanta la mano Enemencia, graduada de abogada recientemente. Ella asegura que por el desorden de áreas, hay gente obligada a repetir materias, lo cual significa una pérdida irreparable de dinero y tiempo. Las inscripciones también son traumáticas en UAPA. “Se dura el día entero en eso. No están organizados y la universidad ha perdido los mecanismos que le diferenciaban de las otras”, expuso la egresada del centro donde, por enseñar con el sistema andragógico, los estudiantes exponen la clase y el facilitador orienta y aclara posible lagunas.

Sindy y Heidy estudian en el campus cibaeño de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM). El centro tutelado por Agripino Núñez Collado siempre está limpio, pero, de acuerdo con las jóvenes, no se valoran las consideraciones estudiantiles formuladas en cada evaluación al rendimiento profesoral. “Hay profesores muy buenos, pero otros, hacen lo que quieren”. .

 

 

 
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