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Martes 01 de agosto del 2006
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THE WALL STREET JOURNAL AMERICAS
PDVSA se concentra en los programas sociales y descuida el negocio petrolero
Por David Luhnow
y Peter Millard
The Wall Street Journal

CARACAS, Venezuela—Ricardo Coronado, el jefe de las operaciones de occidente de la petrolera estatal venezolana, descubrió a las malas que su trabajo no sólo consistía en supervisar una de las regiones con mayor abundancia de crudo en el mundo.

Un sábado reciente, el presidente del país, Hugo Chávez, lo regañó a través de la televisión nacional por no asistir a la inauguración de un colegio en la parte occidental de Venezuela, que había sido financiado por Petróleos de Venezuela SA.

“Ya... aquí se acabó aquel tiempo en que PDVSA era una cosa aparte, llegaba el presidente y PDVSA por allá no sé dónde, no señor, aquí tiene que estar parado firme el jefe de PDVSA Occidente, y a la orden, a la orden”, dijo Chávez, quien hizo llamar a Coronado. Cuando el ejecutivo apareció con media hora de atraso, Chávez todavía estaba furioso y no permitió que Coronado se defendiera. “No hay nada que puedas decir”, sentenció el presidente.

Desde que llegó al gobierno en 1999, Chávez ha sido el presidente ejecutivo de facto de PDVSA. Y ha dirigido a la compañía de petróleo hacia aventuras políticas, económicas y filantrópicas que la han distraído de su negocio principal, que es encontrar y producir más crudo. Las consecuencias para PDVSA han sido duras: la producción ha caído desde unos 2,9 millones de barriles diarios en 1998, a unos 1,6 millones actuales.

Considerada la tercera mayor petrolera del mundo, la compañía venezolana se gestiona tanto con un foco de negocios como con directrices políticas. Y hoy en día una parte importante del proceso de toma de decisiones es descubrir nuevas maneras de financiar los proyectos de Chávez. Uno de los últimos emprendimientos fue pagar por las transmisiones televisivas del Mundial en Bolivia, un país aliado con Chávez.

Las posturas geopolíticas de Chávez, así como su antiamericanismo, también han influenciado la manera en que la estatal conduce sus negocios. PDVSA se ha alejado de socios tradicionales, como la estadounidense Exxon-Mobil Corp. en favor de petroleras estatales de Irán, China e India. Durante su reciente visita a Teherán, Chávez obtuvo el compromiso iraní de invertir US$4.000 millones en dos campos de crudo en Venezuela. Ambos países también anunciaron una serie de empresas conjuntas, entre ellas una refinería en Indonesia.

El menor desempeño de PDVSA ha llevado a que la producción mundial de crudo cayera en más de 1%. Tal vez no suene a mucho, pero el mercado global del petróleo está bajo las presiones de una creciente demanda, una mayor volatilidad política y problemas para expandir los suministros. Así, la caída en la producción de Venezuela ha contribuido a elevar los precios del crudo y, probablemente, continúe haciéndolo en los próximos años.

Un informe de la Government Accountability Office, la agencia gubernamental estadounidense a cargo de temas de contabilidad y auditoría fiscal, afirma que el declive de largo plazo en la producción de PDVSA representa un creciente problema para la seguridad energética de Estados Unidos. Venezuela es el cuarto proveedor de petróleo de EE.UU. y tiene las mayores reservas de crudo fuera de Medio Oriente.
Además, la caída productora de Venezuela podría empeorar. Dados los recientes cambios que Chávez impuso en el sector, PDVSA estará a cargo de gestionar los campos de crudo privados en Venezuela. Las nuevas reglas, como la exigencia de gastar una parte de sus presupuestos en proyectos sociales, podrían impedir el crecimiento.

PDVSA es la piedra angular del futuro político de Chávez. El gigante petrolero es la fuente de dinero que su gobierno utiliza para sus políticas hacia los pobres y, en gran medida, del 60% de popularidad de Chávez. Antes de que el ex militar llegara al poder, muchos venezolanos veían a PDVSA como el feudo exclusivo de los ingenieros y tecnócratas que vivían cómodamente, mientras la empresa no hacía nada por los pobres.

Pero bajo Chávez, las prioridades de la empresa estatal han cambiado de manera radical. PDVSA todavía traspasa parte de sus ganancias al Estado, pero también se involucra directamente en programas de desarrollo económico y de alivio a la pobreza.

La empresa debe gastar al menos 10% de su presupuesto anual de inversiones en programas sociales, lo que equivale a unos US$1.000 millones. Pero esa cifra no incluye otros gastos de PDVSA, como la construcción de carreteras y el financiamiento del programa de subsidios de alimentos del gobierno. Según la compañía, ese tipo de ayuda económica llegó a US$8.000 millones el año pasado. Palmaven, la división de PDVSA a cargo del gasto social, es la unidad de más rápido crecimiento de la compañía.

El foco social de PDVSA distingue a la empresa venezolana de la mayoría de sus pares petroleras, que buscan maximizar la producción y las ganancias. El giro de PDVSA recuerda el papel que durante décadas desempeñó la estatal mexicana Pemex en el desarrollo económico.
Sin embargo, la atención que PDVSA dedica al desarrollo económico le resta tiempo y dinero para dedicarse a su negocio petrolero.

En 2004 invirtió US$60 millones en exploración, frente a los US$174 millones que gastó en 2001, según el reporte anual de 2004 que fue publicado hace poco. Esas son malas noticias para Venezuela, ya que las actuales perforaciones son tan viejas que su producción cae a un promedio de 23% al año. “La industria del petróleo requiere inversiones en mantenimiento y expansión”, afirma Domingo Maza Zavala, un director del banco central que apoya la misión social de PDVSA, pero que también cree que la empresa tiene que ser más eficiente.

PDVSA dice que su desempeño es normal y que planea aumentar su producción a 4 millones de barriles diarios hasta 2012, gracias a las reservas de crudo pesado en la región del Orinoco. Algunos funcionarios también destacan que el petróleo que Venezuela exporta a EE.UU. se ha mantenido estable desde 2004, en 1,5 millones de barriles al día.

En algunos casos, Chávez se ha apropiado literalmente de los activos de PDVSA para traspasarlos a los pobres. Tras un decreto presidencial de 2003, la elegante casa matriz de cinco pisos de PDVSA Servicios, una filial que supervisaba servicios de comunicaciones y tecnología, se ha convertido en la Universidad Bolivariana de Venezuela. Sus 5.000 estudiantes reciben todo gratis. La matrícula, los materiales, el plan de salud y las comidas corren por cuenta de la petrolera estatal.

Por otra parte, la calidad y la seguridad de la petrolera han sufrido desde la huelga que la afectó en 2002 y 2003, ya que hubo muchos despidos y contrataciones nuevas. Algunos ejecutivos del sector dicen que PDVSA ha estropeado varios pozos durante el año pasado debido a errores humanos. Muchos contratistas también se quejan de la calidad de la mano de obra. Incluso la Asamblea Nacional, donde todos los legisladores son pro Chávez, está lo suficientemente alarmada como para investigar si el nuevo sistema de contratación de PDVSA ha excluido a trabajadores más experimentados.

Los representantes de la compañía dicen que los accidentes han descendido desde 2003, justo después de la huelga. “Contratamos a mucha gente con poca experiencia”, afirma Jorge Luis Sánchez, director de Enegas, la agencia reguladora del gas natural de Venezuela. “Al principio tuvimos tropiezos fuertes, pero la parte de seguridad ha ido mejorando muchísimo”.

Si existe un ámbito en el que queda claro el declive de la compañía es el de la enorme red de refinación nacional de PDVSA, que produce unos 1,3 millones de barriles al día. En 2005, las plantas sufrieron más de una docena de apagones. En marzo, dos trabajadores murieron en una explosión en la refinería Amuay, la mayor de Venezuela. El mes pasado, otra explosión y el fuego posterior causaron grandes daños en una unidad de Amuay que produce 190.000 barriles al día. Ello provocó un alza en los precios de la gasolina en la costa del Golfo estadounidense, donde Amuay envía gran parte de su producción.

“Los trabajadores tienen miedo”, dice Oswaldo Caibett, presidente del sindicato petrolero Fedepetrol. Tras un mortífero incendio en una refinería el año pasado, el sindicato presentó una demanda en la Fiscalía General acusando a la gerencia de negligencia. Alejandro Granado, director a cargo de la refinación en PDVSA, reconoció hace poco que los accidentes en las plantas de refinamiento están por encima del promedio internacional. El ejecutivo aseguró que la compañía había contratado a la empresa química estadounidense DuPont Co. para que le ayudara a mejorar la seguridad.

En los dos últimos años, Chávez ha reescrito las reglas de la industria petrolera de Venezuela. En 2004, su gobierno reclamó una participación mayoritaria en alrededor de 32 acuerdos operativos entre compañías privadas y PDVSA, la cual dio a la firma estatal una participación de al menos un 60% en la mayoría de las empresas. Este año anunció normas parecidas para cuatro proyectos de crudo pesado en la región del Orinoco.

No obstante, el hecho que las prioridades de PDVSA se centren ahora en mejorar la vida de los habitantes de las barriadas pobres de la nación tiene a muchos venezolanos contentos.

Yoselin Escobar, una maestra de 33 años en la localidad costera de Catia la Mar, está intentando convencer a la petrolera para que pague un subsidio mensual a las madres que se quedan en casa y que cuidan los niños de otras madres trabajadoras. “Gracias a nuestro presidente, la petrolera nos ayuda”, dice. “Yo votaré por [Chávez] hasta que me muera”.

 
 
 
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